Recostada en tu regazo estoy bien, quizás me molesta que hables tanto. Aunque no debe ser al extremo, ya te hubiese dejado.
El día tiene la particularidad de una película. Llueve por partes y de a ratos, como si el director se arrepintiera y volviera a hacer la toma una y otra vez. Quizás le gusta ver a la chica secarse el pelo, no sé.
Aún sigo despierta. Dormirme no me reconforta, soñar me alerta más. Los sueños son restos de pensamientos que no quieren morir, y es terrible, es algo así como la agonía de un pensamiento, la respiración es casi un jadeo, penetrante y absoluto, no deja que nada interfiera. Estoy casi segura que los sueños tienen algo maligno, por eso me levanto con ojeras.
Anteanoche por ejemplo, soñé que tenía un jardín sin flores, un perro sin cola, un castillo sin puertas. Qué desesperación! Todo lo veía desde ventanas diminutas que reflejaban solo un acto de cada personaje, que se repetía una y otra vez hasta que caían exhaustos, tomaban fuerzas y volvían. Mi vida pasaba por ver aquellos fragmentos que llegaban a ser brutales, me desarmaba queriendo parar la película. Una doncella que jamás llega abrazar al príncipe que corría a sus brazos. Un pez que rebota en un lago congelado. Un hombre que se agacha y no puede agarrar una carta.
Los sueños tiene ese algo maligno.